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Antropólogos de la UNLP investigaron qué habría causado la extinción de la megafauna

Los especialistas determinaron que fue por los efectos que tuvo la caza de grandes animales en la región Sudamericana del Pleistoceno.
Antropólogos de la UNLP investigaron qué habría causado la extinción de la megafauna

Investigadores de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP determinaron que el efecto directo de la depredación humana fue probablemente el principal factor que impulsó el declive y posterior extinción de la megafauna en Sudamérica a finales del Pleistoceno, hace poco más de 10 mil años. 

Un gran número de especies de megafauna se extinguió en todo el planeta -excepto en África-  a finales del Pleistoceno, luego de experimentar importantes cambios en sus nichos ecológicos. El impacto de los diversos factores que pueden haber desencadenado estas extinciones es objeto de debate, y las causas principales varían según el continente en cuestión. Algunos sostienen que la caza humana fue la causa principal, otros defienden el papel del cambio climático y la modificación del hábitat.  Aunque el rol central de los humanos en esta desaparición sigue siendo defendido por algunos investigadores norteamericanos, había sido poco considerado hasta ahora en Sudamérica.

Después de años de estudio, dos antropólogos de la UNLP concluyeron que el efecto directo de la depredación humana fue el principal factor que impulsó el declive de la megafauna, junto a otros factores secundarios, pero necesarios para el colapso de la comunidad de los grandes mamíferos.

“En América, la mayoría de las extinciones ocurrieron hacia finales del Pleistoceno, después del último máximo glacial y cerca del momento de la primera dispersión generalizada de los humanos desde el noreste de Asia. Y debido a que la pérdida de biodiversidad en las Américas fue más severa que en otros continentes y ocurrió casi en sincronía con importantes cambios climáticos y la afluencia inicial de seres humanos, el debate sobre los principales factores de las extinciones ha sido más controvertido y persistente que en cualquier otro lado”, explicaron los Doctores Luciano Prates e Iván Pérez.

En la década de 1970 el paleontólogo norteamericano Paul Martin había propuesto que cazadores armados con grandes puntas de proyectil acanaladas (conocidas como Clovis) para la caza de magafauna colonizaron América del Norte y luego Sudamérica, donde utilizaron puntas muy similares conocidas como Cola de Pescado y provocaron la extinción de la megafauna por efectos de la sobre-matanza. Unos cincuenta años después, el papel central de los humanos en las extinciones sigue siendo muy debatido en la arqueología norteamericana, pero poco considerado en Sudamérica.

En esa línea, Prates detalló: “En los últimos años ha quedado cada vez más claro que las extinciones no fueron homogéneas en América. En Sudamérica fueron más agudas que en América del Norte, con la pérdida del 82% (más de 40 géneros) de especies de megafauna. Sin embargo, hasta ahora, los arqueólogos le habían atribuido menos importancia al ser humano como impulsor del proceso, o se referían a la combinación de factores climáticos y humanos. No obstante, dado que los cambios climáticos parecen no explicar por sí mismos las extinciones, y que una serie de estudios paleoecológicos y paleontológicos recientes atribuyen cada vez más al ser humano un papel importante en el proceso de extinción, era necesario un estudio en profundidad de la relación entre humanos, cambio climático y extinciones”.

Y agregó: “En nuestro trabajo, intentamos profundizar sobre estos puntos. Para ello exploramos los cambios temporales en la densidad de las especies de megafauna, de los seres humanos y de las puntas de lanza Cola de Pescado, así como la variación en la distribución potencial en el espacio geográfico. Es decir, evaluamos con evidencia actualizada, y desde una perspectiva temporal y espacial continua, el impacto directo de la actividad humana en las extinciones del Pleistoceno tardío en Sudamérica”.

Estas armas de caza eran puntas de lanza más grandes, en general más delgadas, y que requerían un mayor trabajo de fabricación, en comparación con la mayoría de las puntas posteriores. Se trata de herramientas únicas tanto en términos morfológicos como tecnológicos, y tienen una antigüedad muy precisa que data entre 13.000 y 11.000 años.

Concretamente, los investigadores exploraron la distribución de las puntas de lanza Cola de Pescado y de diez especies que presentan registros de asociación física (estratigráfica) con humanos en el registro arqueológico (Hippidion saldiasi, Milodon darwini, Lama gracilis, Equus neogeus, Doedicurus clavicaudatus, Megatherium americanum, Glossotherium robustum, Notiomastodon platensis, Notiomastodon waringi y Cuvieronius hyodon) durante el Pleistoceno tardío.

Si la megafauna era un recurso central en la economía humana, no sólo era de esperarse que los humanos impactaran en su dinámica poblacional, sino también que los cambios en la densidad y distribución de la megafauna influyeran sobre la población humana.

Los resultados del estudio muestran que los megamamíferos aumentan su presencia hace unos 17.500 años atrás, lo que podría estar relacionado con las condiciones ambientales favorables tras el final del Último Máximo Glacial. Ese crecimiento rápido y constante se mantuvo hasta los 12.900 años, cuando se evidencia un descenso dramático hasta casi desaparecer todas las especies hacia los 11.600 años atrás.

Lo interesante -destacan los científicos- es que la tecnología de puntas Cola de Pescado apareció en América del Sur alrededor hace 13.000 años y muestra una rápida amplificación de la densidad hasta alcanzar el pico de distribución entre 12.400 y 12.200 años atrás. Es decir, que el descenso de megafauna coincide ajustadamente con la aparición de los cazadores con puntas Cola de Pescado.

Al considerar la variable espacial, el trabajo muestra también que hay una coincidencia muy fuerte entre las regiones ocupadas por la megafauna y las áreas que los cazadores con puntas Cola de Pescado eligieron para asentarse, sobre todo las zonas abiertas de la Patagonia y las Pampas de Argentina, Brasil y Uruguay. Es decir que estos grupos habrían ocupado los lugares donde las presas eran más abundantes.

Los más llamativo, es que una vez que se extinguió la megafauna, también desaparecieron las puntas Cola de Pescado en Sudamérica, y además la población humana experimentó un claro detenimiento de su crecimiento. El trabajo plantea que este freno del crecimiento poblacional de los humanos se debió a la desaparición de una de las principales fuentes de alimento de los cazadores de ese momento. 

Sobre la base de lo señalado, Prates y Perez proponen que Sudamérica fue colonizada por humanos hace alrededor de 15.000 años atrás. En ese momento la abundancia de megafauna era relativamente alta pero no fue afectada por los humanos porque la economía de estos primeros pobladores no estaba enfocada en los enormes mamíferos. Cuando la megafauna estaba en su máxima densidad en los entornos de estepa de pastizales abiertos, principalmente Pampa y Patagonia, aparece la tecnología de Puntas Cola de Pescado y los cazadores-recolectores comenzaron a depredar sobre algunas especies. Allí  el crecimiento en número y densidad de las especies de megafauna se detuvo bruscamente y comenzó a disminuir.

Es notable que al desaparecer la megafauna y las puntas Cola de Pescado, se produjo una abrupta  desaceleración y posterior declive en el crecimiento de la población humana en todo el continente.

A diferencia de lo planteado por Paul Martin hace más de 40 años, Prates y Perez plantean que no habría sido necesaria una caza masiva ni de todas las especies de megafauna para precipitar su extinción. Niveles relativamente moderados o incluso bajos de depredación sobre unas pocas especies podrían haber tenido un fuerte impacto en las redes tróficas de toda la comunidad de megafauna. 

La información acaba de ser publicada en la Revista Nature Communications, una de las publicaciones científicas más importante del mundo.

Antropólogos de la UNLP investigaron qué habría causado la extinción de la megafauna
Antropólogos de la UNLP

Antropólogos de la UNLP investigaron qué habría causado la extinción de la megafauna

Los especialistas determinaron que fue por los efectos que tuvo la caza de grandes animales en la región Sudamericana del Pleistoceno.

12 de abril de 2021

Investigadores de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP determinaron que el efecto directo de la depredación humana fue probablemente el principal factor que impulsó el declive y posterior extinción de la megafauna en Sudamérica a finales del Pleistoceno, hace poco más de 10 mil años. 

Un gran número de especies de megafauna se extinguió en todo el planeta -excepto en África-  a finales del Pleistoceno, luego de experimentar importantes cambios en sus nichos ecológicos. El impacto de los diversos factores que pueden haber desencadenado estas extinciones es objeto de debate, y las causas principales varían según el continente en cuestión. Algunos sostienen que la caza humana fue la causa principal, otros defienden el papel del cambio climático y la modificación del hábitat.  Aunque el rol central de los humanos en esta desaparición sigue siendo defendido por algunos investigadores norteamericanos, había sido poco considerado hasta ahora en Sudamérica.

Después de años de estudio, dos antropólogos de la UNLP concluyeron que el efecto directo de la depredación humana fue el principal factor que impulsó el declive de la megafauna, junto a otros factores secundarios, pero necesarios para el colapso de la comunidad de los grandes mamíferos.

“En América, la mayoría de las extinciones ocurrieron hacia finales del Pleistoceno, después del último máximo glacial y cerca del momento de la primera dispersión generalizada de los humanos desde el noreste de Asia. Y debido a que la pérdida de biodiversidad en las Américas fue más severa que en otros continentes y ocurrió casi en sincronía con importantes cambios climáticos y la afluencia inicial de seres humanos, el debate sobre los principales factores de las extinciones ha sido más controvertido y persistente que en cualquier otro lado”, explicaron los Doctores Luciano Prates e Iván Pérez.

En la década de 1970 el paleontólogo norteamericano Paul Martin había propuesto que cazadores armados con grandes puntas de proyectil acanaladas (conocidas como Clovis) para la caza de magafauna colonizaron América del Norte y luego Sudamérica, donde utilizaron puntas muy similares conocidas como Cola de Pescado y provocaron la extinción de la megafauna por efectos de la sobre-matanza. Unos cincuenta años después, el papel central de los humanos en las extinciones sigue siendo muy debatido en la arqueología norteamericana, pero poco considerado en Sudamérica.

En esa línea, Prates detalló: “En los últimos años ha quedado cada vez más claro que las extinciones no fueron homogéneas en América. En Sudamérica fueron más agudas que en América del Norte, con la pérdida del 82% (más de 40 géneros) de especies de megafauna. Sin embargo, hasta ahora, los arqueólogos le habían atribuido menos importancia al ser humano como impulsor del proceso, o se referían a la combinación de factores climáticos y humanos. No obstante, dado que los cambios climáticos parecen no explicar por sí mismos las extinciones, y que una serie de estudios paleoecológicos y paleontológicos recientes atribuyen cada vez más al ser humano un papel importante en el proceso de extinción, era necesario un estudio en profundidad de la relación entre humanos, cambio climático y extinciones”.

Y agregó: “En nuestro trabajo, intentamos profundizar sobre estos puntos. Para ello exploramos los cambios temporales en la densidad de las especies de megafauna, de los seres humanos y de las puntas de lanza Cola de Pescado, así como la variación en la distribución potencial en el espacio geográfico. Es decir, evaluamos con evidencia actualizada, y desde una perspectiva temporal y espacial continua, el impacto directo de la actividad humana en las extinciones del Pleistoceno tardío en Sudamérica”.

Estas armas de caza eran puntas de lanza más grandes, en general más delgadas, y que requerían un mayor trabajo de fabricación, en comparación con la mayoría de las puntas posteriores. Se trata de herramientas únicas tanto en términos morfológicos como tecnológicos, y tienen una antigüedad muy precisa que data entre 13.000 y 11.000 años.

Concretamente, los investigadores exploraron la distribución de las puntas de lanza Cola de Pescado y de diez especies que presentan registros de asociación física (estratigráfica) con humanos en el registro arqueológico (Hippidion saldiasi, Milodon darwini, Lama gracilis, Equus neogeus, Doedicurus clavicaudatus, Megatherium americanum, Glossotherium robustum, Notiomastodon platensis, Notiomastodon waringi y Cuvieronius hyodon) durante el Pleistoceno tardío.

Si la megafauna era un recurso central en la economía humana, no sólo era de esperarse que los humanos impactaran en su dinámica poblacional, sino también que los cambios en la densidad y distribución de la megafauna influyeran sobre la población humana.

Los resultados del estudio muestran que los megamamíferos aumentan su presencia hace unos 17.500 años atrás, lo que podría estar relacionado con las condiciones ambientales favorables tras el final del Último Máximo Glacial. Ese crecimiento rápido y constante se mantuvo hasta los 12.900 años, cuando se evidencia un descenso dramático hasta casi desaparecer todas las especies hacia los 11.600 años atrás.

Lo interesante -destacan los científicos- es que la tecnología de puntas Cola de Pescado apareció en América del Sur alrededor hace 13.000 años y muestra una rápida amplificación de la densidad hasta alcanzar el pico de distribución entre 12.400 y 12.200 años atrás. Es decir, que el descenso de megafauna coincide ajustadamente con la aparición de los cazadores con puntas Cola de Pescado.

Al considerar la variable espacial, el trabajo muestra también que hay una coincidencia muy fuerte entre las regiones ocupadas por la megafauna y las áreas que los cazadores con puntas Cola de Pescado eligieron para asentarse, sobre todo las zonas abiertas de la Patagonia y las Pampas de Argentina, Brasil y Uruguay. Es decir que estos grupos habrían ocupado los lugares donde las presas eran más abundantes.

Los más llamativo, es que una vez que se extinguió la megafauna, también desaparecieron las puntas Cola de Pescado en Sudamérica, y además la población humana experimentó un claro detenimiento de su crecimiento. El trabajo plantea que este freno del crecimiento poblacional de los humanos se debió a la desaparición de una de las principales fuentes de alimento de los cazadores de ese momento. 

Sobre la base de lo señalado, Prates y Perez proponen que Sudamérica fue colonizada por humanos hace alrededor de 15.000 años atrás. En ese momento la abundancia de megafauna era relativamente alta pero no fue afectada por los humanos porque la economía de estos primeros pobladores no estaba enfocada en los enormes mamíferos. Cuando la megafauna estaba en su máxima densidad en los entornos de estepa de pastizales abiertos, principalmente Pampa y Patagonia, aparece la tecnología de Puntas Cola de Pescado y los cazadores-recolectores comenzaron a depredar sobre algunas especies. Allí  el crecimiento en número y densidad de las especies de megafauna se detuvo bruscamente y comenzó a disminuir.

Es notable que al desaparecer la megafauna y las puntas Cola de Pescado, se produjo una abrupta  desaceleración y posterior declive en el crecimiento de la población humana en todo el continente.

A diferencia de lo planteado por Paul Martin hace más de 40 años, Prates y Perez plantean que no habría sido necesaria una caza masiva ni de todas las especies de megafauna para precipitar su extinción. Niveles relativamente moderados o incluso bajos de depredación sobre unas pocas especies podrían haber tenido un fuerte impacto en las redes tróficas de toda la comunidad de megafauna. 

La información acaba de ser publicada en la Revista Nature Communications, una de las publicaciones científicas más importante del mundo.

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Los especialistas determinaron que fue por los efectos que tuvo la caza de grandes animales en la región Sudamericana del Pleistoceno.